martes, 8 de diciembre de 2015

Utopía de un gobierno humano

         Cuando una persona ha vivido suficientes años para desar ver cumplidos sus ideales utópicos, realizados sus sueños de un país gobernado por personas humanas, lejos de los egoísmos materiales que nos tiene atenazados a las flaquezas de la carne, contra las necesidades que todo el ser humano tiene, independientemente de su condición, raza o lugar de nacimiento.

         Yendo directamente al grano de lo que consiste mi utopía acerca de las personas que hemos elegido para que nos representen y defiendan nuestros derechos y obligaciones a las que todos estamos comprometidos.
         Los políticos elegidos han de ser personas que trabajan y obran para bien de los ciudadanos y no para enriquecerse a costa de los esfuerzos y sufrimientos ajenos; sus sueldos han de ser de acuerdo al nivel medio del trabajador, productor de las riquezas del país y como tal, libre de prebendas y sobres bajo mesa, que serían causa de perder sus ventajas y obligaciones para lo que fueron elegidos.
         Para ello se han de hacer públicos sus emolumentos propios a la labor realizada, porque el pueblo debe tener conocimiento del comportamiento de sus representantes, para obrar en consecuencias sobre la función que realizan y aquellos que no cumplan estas obligaciones, queden separados de estos puestos representativos de la sociedad.
         Todo aspirante a ser elegido, ha de mostrar su corriculo para el desarrollo de sus capacidades y honradez, avalado por sus vecinos y conocidos.
         Es por lo que las personas necesitan trabajar y recibir unos salarios dignos de acuerdo a sus capacidades y esfuerzo y no tener que depender de las limosnas que denigran al ser humano, cuando es por causa de miseria y no por catástrofes, que sí estarían justificadas.
         El país no necesita obras fastuosas e innecesarias, y si aprovechar los conocimientos y riquezas naturales que se puedan explotar sin menoscabo de destruir la naturaleza que todos debemos defender en bien propio.
         Lo que se gasta en armamento para las guerras, sería suficiente para dar trabajo y alimentos a todo el orbe humano y no causaría tantos males y muertes.
         La Educación, la Sanidad y la Cultura, estaría al alcance de todos los humanos.
         Esta es una utopía que en manos de personas dignas, libres de egoísmos, alcanzaría  con sus beneficios a la humanidad entera, por lo que grito alto y fuerte:
        ¡No! a la guerra, ¡No! a las armas, ¡No! a la OTAN, ¡No! a la corrupción.
        ¡Sí! a la Educación, ¡Sí! a la Sanidad Pública, ¡Sí! a la Vivienda, ¡Sí! al trabajo.
        Termino mi utopía con Salud y Paz para todos.